jueves, 18 de noviembre de 2010

La escapada.

Institute auf den Rosenberg
La escapada.
El paisaje que se contempla desde la Nusbaum Terrase no es tan espectacular como el que se divisa desde el mirador de Säntis, donde se pueden avistar hasta seis países diferentes pero, desde una cercanía, en cierto modo amigable y cautivadora, puede vislumbrarse la bella ciudad de Sankt Gallen, su catedral y las pequeñas casas burguesas de su entorno.

En los días de invierno solía sentarse Luis al atardecer en un banco de madera situado al pie del gran nogal que daba nombre a la terraza y disfrutar de los momentos libres de su trabajo en el Instituto. Hacía tres meses que había sido contratado como gerente de administración del Instituto gracias, además de sus referencias profesionales, al buen nivel que había alcanzado en el idioma alemán culto.

Su salario era suficiente para poder vivir con holgura y ser al mismo tiempo feliz, sobre todo teniendo en cuenta el placer que sentía al pensar que vivía íntegramente de su propio trabajo sin que nadie intentase intervenir o influir sobre su personalidad, como solía ocurrir cuando vivía en la ciudad de Barcelona.

La tarde era fría y algunos pequeños copos de nieve caían desordenadamente sobre la terraza, sin poder cuajar por ser muy livianos y escasos. Luis apreciaba su llegada y disfrutaba observando los pequeños remolinos que se producían en el aire hasta que los copos desaparecían entre las ramas de los árboles que rodeaban los edificios de los estudiantes internos del Instituto.

Las nubes tenían ese color gris monótono que uniformaba el cielo, un gris implacable en lo alto, pero que permitía observar el paisaje como una fotografía precisa en líneas y figuras. Los edificios que rodeaban la terraza se ofrecían ordenadamente con ese diseño tradicional suizo que tanto le atraía y la luz grisácea exterior ayudaba a resaltar su bella arquitectura.

Destacaba sobre todos los demás edificios la casa principal de muros de ladrillo color granate, ventanas altas, tejados abuhardillados y balcones señoriales con barandas construidas con hierro forjado. Los demás edificios, a los que se accedía por suelos de hierba menuda y tupida, estaban rodeados de árboles altos y frondosos.

Durante el verano no le había sido posible disfrutar de esos momentos tranquilos, porque a esas horas se oía el grito del profesor Schneider: “Nusbaum Terrase, Nusbaum Terrase” y los estudiantes, llamados al unísono por las campanas exteriores y por los gritos estruendosos del profesor, acudían presurosos a formar filas y realizar ejercicios gimnásticos.

Pero ahora ya había llegado el otoño y los alumnos se entrenaban en el gimnasio cubierto. El cielo se había cubierto con una capa gris de nubes y el frío comenzaba a extenderse por los edificios, campos, árboles y caminos.

Luís se encontraba bien físicamente con esa temperatura y el jersey de lana que se había comprado en una tienda cercana a su pensión le ayudaba incluso a sentirse muy confortable y, hasta cierto punto, elegante.

Respiró profundamente. El aire entró en sus pulmones con fuerza y agradeció hasta el último átomo de ese oxígeno montañero y embriagador. Le encantaba esa sensación de sentirlo llegar hasta el último rincón de sus pulmones llenándole de vida. Su gran capacidad torácica le permitía disfrutar con plenitud de esa respiración y se sentía sano y fuerte.

Apoyándose sobre el respaldo del banco estiró las piernas clavando los tacones de sus zapatos sobre la hierba. Le pareció que en esa postura sus piernas eran más largas que de costumbre. Se consideraba personalmente un hombre de buena estatura y con esos zapatos de cuero oscuro y robustas suelas de goma parecía aún más alto. Esa idea le indujo básicamente a comprarlos con la excusa de que serían necesarios para caminar con seguridad sobre el suelo normalmente húmedo de la ciudad.

Los copos de nieve empezaron a caer con mayor frecuencia y el viento frío los empujaba a ráfagas hacia él por lo que, poniéndose la gorra, los guantes y el chaquetón de piel que había depositado antes en el banco, se levantó y caminó con paso lento hacia el final de la terraza. Bajó por una escalinata de piedras grisáceas y recorrió un sendero que le condujo hasta una gran puerta enrejada en cuyo frontispicio podía leerse en letras doradas el nombre “Institut auf dem Rosenberg”.

Luís bajó hacia la ciudad caminando por una estrecha carretera asfaltada que bordeaba. al Instituto. Los árboles lindantes creaban en otoño un bello entorno colorista y de vez en cuando dejaban entrever algunos prados generalmente delimitados por setos de hoja verde perenne. Le gustaba caminar despacio por esa carretera en declive observando las laderas de las colinas que descendían hacia la ciudad, las casas señoriales, los árboles, los caminos y los pequeños barrancos formados por la lluvia.

Al fondo, los tejados grises de las casas de la ciudad se enlazaban apretadamente entre sí en torno a la catedral con una suerte de instinto natural protector para evitar recibir en soledad el frío del invierno.

Comenzaba a anochecer y las luces de las farolas alumbraban débilmente, volviéndose el asfalto de un color más negro, produciéndole una sensación cada vez más acentuada de oscuridad. Luis aceleró el paso deseando llegar cuanto antes a casa. Este fin de semana lo iba a dedicar en su totalidad a leer y escuchar música, pasear por la ciudad y comer en un pequeño restaurante romántico recomendado por su patrona, la señora Paukner.

- Luis, no deje de visitar el restaurante Alpenrose, cerca de la catedral - le había aconsejado una vez mirándole maliciosamente – Sobre todo si va acompañado.

Decididamente, almorzaría allí y complacería a la señora Paukner.

Luís recurría con frecuencia a un monólogo interior para analizar sus pensamientos, sentimientos y sensaciones. Nunca estaba aburrido aunque cualquier observador ajeno pudiera pensarlo al verle siempre silencioso, unas veces sentado en un banco de un parque o incluso de una acera, otras en una mesa de un restaurante comiendo en solitario o tomando una copa en la barra de un bar.

Con esa vida interior no podía aburrirse: pero si el aburrimiento era considerado por algunos como la anestesia de los sentidos, para Luís la anestesia de los sentidos era la música estridente, el ruido del tráfico, la algarabía en los bares, los gritos, los portazos.Quizás por ello cuando vivía en Barcelona visitaba de vez en cuando el cementerio del Poble Nou ante la incomprensión de sus amigos.

- “No voy al cementerio -les decía- voy al aeropuerto”

En vano intentaba convencerles de que no iba a visitar la tumba de sus padres, sino a pasear en silencio por sus senderos y meditar, sin advertir más movimiento que el vuelo de los pájaros o, muy de vez en cuando, el de los aviones a reacción que trazaban silenciosamente líneas blancas en lo alto con rumbo desconocido.

¿Cómo explicarles que el cementerio, como dijo el poeta, es un aeropuerto donde sólo aterrizan las mariposas?

Luís sintió que esa vida interior, para su desconsuelo, no había sido comprendida por sus amigos de Barcelona. Esa apariencia de ser un hombre hosco y poco comunicativo no se correspondía con su verdadera forma de ser por lo que intentaba en ocasiones vencer su deseo íntimo de soledad acompañando las risas forzadas y escuchando los chistes y los monólogos fútiles de sus amigos. Lo cierto es que su personalidad admitía cada vez menos estas situaciones y había comenzado a sentir un deseo irracional de huída.

Haciéndose estas consideraciones se encontró caminando dentro de la ciudad y observó con tranquilidad su entorno, los edificios perfectamente terminados, las calles limpias, los alcorques enrejados, los árboles podados y unos pavimentos bien acabados.

- “El alcalde de esta ciudad” – pensó- “parece que todo lo previene y a todo ocurre”.

Aceleró el paso y, huyendo de las ráfagas de viento frío, llegó a la pensión de la señora Paukner a quien saludó afectuosamente nada más entrar. y se dirigió a su habitación .con la idea de descansar.

La temperatura allí era muy confortable .Encendió la luz de la mesilla de noche, se quitó el jersey y los zapatos y se tumbó cuan largo era sobre su cama. Cerró los ojos y respiró pausadamente. El silencio de la habitación y lo relajado de su postura le invitaron suavemente a dormir. Cerró los ojos y recordó mentalmente las últimas circunstancias de su vida. Su decisión de viajar a Suiza, huyendo un poco de su clara angustia existencial, las imágenes ahora fugaces de su infancia, las charlas con sus amigos de Barcelona, la sensación de libertad que tuvo al pisar la escalerilla del avión en dirección a Zurich…

La señora Paukner cerró sigilosamente la puerta de la casa con doble llave de seguridad. Apagó las luces y se dirigió en silencio a su dormitorio. Estaba encantada con su huésped y trataría de complacerle con toda su ilusión.

La dirección del Institute auf dem Rosenberg informó a la embajada española al día siguiente del fallecimiento de Luis, debido, al parecer, a un ictus cerebral.



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lunes, 15 de noviembre de 2010

El infierno del señor Raimundo.


La casa del señor Raimundo.




El campo de jarales.


La cascada del Purgatorio. (1517 metros)

El infierno del señor Raimundo.

Gabriel había terminado bien su instituto y ese mismo otoño comenzaría la universidad. Durante esos años de estudio había desarrollado dos cualidades muy interesantes, tenía una gran curiosidad, quería saber hasta el más mínimo detalle de las cosas y no le importaba preguntar y preguntar, hasta el extremo de aburrir a los demás. Por otro lado, desde su infancia, amaba cada vez más la naturaleza, en la cual incluía a la tierra, al cielo y a todos los seres vivientes.

El otoño había comenzado con una temperatura agradable, pero al atardecer hacía bastante frío. Se sentía lleno de paz y decidió dar ese día un largo paseo por el campo antes de que anocheciera. Amaba la sierra del Guadarrama, sobre todo en esta época del año, tomó su viejo bastón de campo y comenzó a caminar, saliendo del pueblo sin rumbo alguno previamente planeado, dispuesto a disfrutar de la luminosidad y los colores del campo. Alberti una vez escribió “en la paleta de Velázquez tengo otro nombre, me llamo Guadarrama”

La ventaja de pasear por un campo conocido es que no se necesita ningún plano. El despliegue de un plano de ciudad siempre le había parecido en cierto modo emocionante, porque a medida que se abren los dobleces surge un pequeño mundo de datos, dibujos e indicaciones que sugieren posibles lugares de interés; cada nuevo doblez aporta más datos hasta que, al final, y una vez extendido el plano total, es difícil decidirse por alguna de las diversas opciones que pueden tomarse. Sin embargo, caminar por este campo tan hermoso, descubrir nuevos senderos, respirar los aromas del tomillo y de la jara, contemplar la robustez de las encinas, observar el vuelo de los tordos, descansar la vista en los montes y collados y mirar al cielo, están al alcance de cualquier paseante con un poco de sensibilidad y sin necesidad de ningún plano.

Inició su camino por un sendero rodeado por jaras y tomillos, sin prisas, con una cadencia de auténtico paseante. El sol brillaba todavía, un poco por encima del Guadarrama. Al cabo de un rato, Gabriel había ya perdido cualquier referencia con el pueblo, sumergido entre jaras y matorrales, empapándose en esos aromas de lándano y de tomillo que tanto le embriagaban, recordando aquello que dijo José Hierro en su poema : “Qué sosiego volver, hablarte, abrazarte con mis miradas…”

Después de caminar durante media hora entre los jarales, vadeando quebradas y siguiendo el vuelo de los tordos, mirando al cielo, tanteando de vez en cuando con su bastón los bordes del sendero, distraído recordando ese y otros poemas, Gabriel descubrió que seguir un sendero es siempre una aventura, una posibilidad de encuentros inesperados. Lo supo cuando al subir un montecillo de roca, cubierto por espesos matorrales, avistó de repente, a media distancia, la casa del señor Raimundo.

A la casa se accedía por un camino de tierra ocre y dura, extrañamente ancho, porque acababa justo allí, en su puerta de rejas forjadas. Era una casa grande, muy cuidada, de dos pisos, con paredes de piedra y el tejado de tejas arcillosas. Los jarales llegaban justamente hasta la valla de piedra que la rodeaba y la casa, rodeada de rocas, parecía un espolón de barco intentando atravesar un mar inmenso de encinas y chaparros, porque detrás de ella se extendía el bosque verde y negro de los encinares de la cota baja del Guadarrama.

Gabriel había oído hablar mucho del señor Raimundo y de la casa que se había hecho construir frente a los montes, en los aledaños del pueblo, lejos de su vida cotidiana y a la que sólo se podía acceder por ese sendero de tierra.

- Es un hombre muy solitario – decían algunos – dicen que fue marino y se retiró de la armada cuando murió su esposa.

- Se le ve por el pueblo muy de tarde en tarde, sólo para comprar – decían otros – pero los domingos viene a la misa parroquial.

- Es un escritor, un filósofo – decían los más eruditos del pueblo, mientras el resto apostaba por una enfermedad depresiva, que le impediría hacer una vida normal.


Estos comentarios hicieron que la curiosidad de Gabriel por el señor Raimundo fuera en aumento. Había pensado en abordarle directamente si se encontraba con él alguna vez en el pueblo, pero el tiempo fue transcurriendo sin presentarse esa oportunidad. Y ahora se encontraba frente a frente con la ocasión de desentrañar ese misterio.

Caminó directamente hasta la entrada de la casa, cuya reja estaba entreabierta. Allí pudo ver al señor Raimundo. Era un hombre moreno, de mediana estatura, delgado, con barba entrecana muy cuidada y un aspecto de campesino elegante, de esos señores de la tierra que, a pesar de su trabajo rústico, conservan una innegable distinción de persona cultivada. Vestía un pantalón de pana beis y un jersey oscuro, de color indefinible, y botas marrones de media caña. Tenía entre sus brazos unos leños de encina, listos seguramente para ser utilizados en la chimenea, ya que comenzaba a refrescar.

- Buenas tardes, don Raimundo – dijo Gabriel con gran osadía.

- Buenas tardes, amigo, ¿quién eres tú, me conoces? Respondió.

- He oído hablar mucho de usted y me alegro ahora de conocerle, me llamo Gabriel y vivo con mis padres en el pueblo, cerca de Correos. – precisó.

- Pues ven y échame una mano, Gabriel, que siempre viene bien una ayuda para estos menesteres – respondió sonriendo.

Eso hizo Gabriel, y así, desenfadadamente, comenzó su amistad con el señor Raimundo. Entraron en la casa y depositaron los leños en un cesto situado no lejos de la chimenea de un salón espacioso y bien amueblado. Unos cuantos rescoldos alumbraban el hogar encendido, creándose un ambiente acogedor.

- Puedo ofrecerte un buen vaso de vino, joven, seguro que te viene bien después de la caminata que has hecho, porque tú has venido atravesando las barrancas ¿verdad?

Gabriel asintió agradecido y ambos se sentaron en unos bancos que estaban situados alrededor del hogar. Acostumbrado a mirar y fijarse en todos los detalles, Gabriel se dio cuenta de que sobre los muebles y estanterías del salón no había fotografías. En todas las casas siempre hay recuerdos familiares, fotografías de encuentros para recordar, momentos de episodios imborrables, pero aquí no había retratos.

El señor Raimundo adivinó inmediatamente el pensamiento de Gabriel.

- No me gustan las fotografías, Gabriel, dijo tras un corto silencio - por eso no conservo casi ninguna y no las sitúo sobre los muebles. Su conservación me parece una manifestación de necrofilia. Las fotografías son imágenes muertas que con el tiempo amarillean y acaban su vida de papel amontonadas en sarcófagos de buhardillas. Prefiero guardar en mi memoria las imágenes y las sensaciones que esas imágenes me ha transmitido. Eso he hecho desde la muerte de mi esposa.

Gabriel sintió inmediatamente haber despertado en el señor Raimundo esos hondos sentimientos. Hubiera deseado que su silencio no diera lugar a ellos, que hubiese sido su hacer como el que Gerardo Diego descubrió en Vicente Aleixandre “magistrando silencios, anuencias y matices”

- ¿Estuvo usted casado mucho tiempo, señor Raimundo?- se atrevió a preguntar.

- Sí Gabriel, largos años, pero no tuvimos hijos y mi esposa murió quizás hundida por el silencio del hogar. No es buena la soledad cuando no hay llanto de niños, ni se puede participar en sus juegos ni responder a sus preguntas, ni ofrecer nuestro amor ilimitadamente. A veces te cuestionas el por qué de las cosas, pero no hay más remedio que aceptarlas – y tú ¿ya tienes novia?.

- No. Señor Raimundo, hasta ahora he estado tan ocupado con mis estudios que no he tenido tiempo para conocer a muchas chicas. Espero que alguna vez me llegue la oportunidad y encuentre el amor definitivo.

Derivando de un tema a otro. Gabriel apreció la enorme apertura del señor Raimundo y su interesante conversación. El tiempo pasaba tan rápido que se hizo muy tarde, la habitación se estaba oscureciendo casi imperceptiblemente y apenas podían distinguirse sus labios en medio de su barba descuidada y entrecana.

Hablaron de literatura, de arte, de historia, de política, de religión. Gabriel estaba entusiasmado por su decisión de encontrarse son una persona tan inteligente y preparada.

El señor Raimundo, de repente y mirándole a los ojos le dijo:

- ¿Tú vas por las parroquia, Gabriel?

- Pues sí, soy creyente, y voy a misa los domingos, pero no a la misa de doce sino a las nueve de la mañana, porque a mí me gusta madrugar. Creo que usted va también a la misa parroquial, ¿no es así?

- Lo es, Gabriel. Pues voy a decirte una cosa que no debes olvidar nunca, y me lo vas a prometer – dijo con una voz muy seria y firme – el infierno no existe, ni por supuesto el purgatorio. No dejes que esos conceptos te persigan en la vida. La vida es amor y no temor.

Gabriel recordó los versos de Pablo Neruda “¿para qué sirven los versos si no es para esa noche en que un puñal amargo nos averigua?

Bebió un sorbo del vaso de vino que había traído el señor Raimundo. Era oscuro y con mucho cuerpo, probablemente un vino de Toro. Saboreó el trago como si fuera un conocedor y sintió un pequeño rubor en su cara, causado probablemente por ese vino profundo y demoledor. Bebió otro sorbo y, después de un largo silencio, preguntó de improviso:

- Usted reza, señor Raimundo?

- Claro que sí, Gabriel – contestó medio sorprendido – Rezo todos los días un avemaría.
La respuesta no fue la que esperaba, así que guardó silencio prudentemente, mirando los pequeños rescoldos rojos que crepitaban en el hogar.


- Verás, Gabriel, por la mañana, cuando la luz del amanecer entra por esa rendija de la ventana, y mis ojos se abren tratando de situar las cosas, rezo lo siguiente: “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús” Es mi manera de saludar, de agradecer que estoy vivo. Si no lo hago, me sentiría muy mal el resto del día.

Gabriel miró a hurtadillas la rendija de la ventana. Como estaba anocheciendo, entraba una luz muy débil, desvaída, que dejaba ver la barba del tío Raimundo, ahora más definida por la luz de los rescoldos rojizos del hogar.

- Pero eso no es el avemaría completo, le falta la mitad.- dijo Gabriel, con timidez, como tratando de evitar que lo considerase un reproche.

- Bueno, sí, Gabriel, la segunda mitad la reservo para antes de dormir. Entonces rezo: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte” Es mi manera de saludar antes de dormir. Si no lo hago no podría descansar y tendría seguramente muchas pesadillas.

Cogió un leño con sus manos y lo depositó sobre los rescoldos, soplando con un fuelle hasta lograr la tímida aparición de unas llamas que poco a poco fueron ganando terreno y esparciendo su luminosidad por la habitación.

- La oración es como la luz, Gabriel, te salva de la oscuridad, te da fuerza y calor, te hace ver las cosas de otra manera, pero hay que alimentarla, como alimentamos al fuego. Naturalmente, tiene que haber un rescoldo, por muy escondido que esté – dijo casi musitando esta última frase - por eso no puede existir el infierno. La salvación está a nuestro alcance con sólo un avemaría.

Gabriel recordó en esos momentos a Luis Rosales “el día de hoy será tu herencia y nada más, porque todo se logra y se pierde en un día”

Gabriel se medio incorporó y le planteó al señor Raimundo que estaba anocheciendo y temía ir de noche por el campo.

- No tienes pérdida, Gabriel – le dijo – Tomas el camino de tierra y te lleva directamente hasta la entrada del pueblo. Tardarás sólo unos quince minutos, sin encontrar ningún obstáculo. Apréndete bien el camino porque espero verte con frecuencia. Tu conversación me ha parecido muy interesante y tenemos que profundizar en muchos temas.

Gabriel se despidió estrechándole fuertemente la mano. Ya en la calle miró con detenimiento la casa. Grabó en su memoria los detalles de la conversación que habían tenido durante más de una hora y se fue caminando, tanteando la calle de arena con su bastón de campo en dirección al pueblo. Lo había conseguido. Había conocido al señor Raimundo. Vivir en la tierra de Guadarrama ofrece perspectivas muy interesantes.


Pensó que,seguramente, el señor Raimundo no iría nunca al infierno. Esto le resolvió muchos problemas, recordando en esos momentos a Gabriela Mistral “sin saber tú que vas yéndote, sin saber yo que te sigo, y seguimos, y seguimos, ni dormidos ni despiertos”

domingo, 3 de octubre de 2010

Paysans bienheureux.

Jean Belda en su Posada de Muriel


Mi gran amigo Jean Belda ha tenido a bien traducir mi poema "Campesinos felices" al idioma francés. Jean compartió conmigo maravillosas tertulias poéticas en París, donde realizábamos intervenciones sobre la actualidad literaria y poética en general, aunque fundamentalmente sobre la actualidad francesa de entoces.

Con el tiempo, Jean Belda construyó un verdadero hogar para los peregrinos de Camino de Santiago , llamado "La Posada de Muriel", donde se celegran reuniones literarias y poéticas, en un ambiente verdaderamente acogedor.La Posada de Muriel - Plaza Santo Cristo S/N - Molinaseca 24413 - León - España

Jean, además de poeta, es Licenciado en Economía por Aix en Provence (Francia), Master en Coaching (México/ Venezuela/ Madrid) y Diplomado en Ontología del Lenguaje.



Dibujo de Carlos Enríquez




Paysans bienheureux.

Le vent,
qui fait trembler les fenêtres,
musique monotone de l´eau
sur le toit,
la pluie,la pluie,la pluie,
persistente, tenace,
toujours la pluie
qui tombe fort
sur nous,
les pauvres à léglise,
le village pour les riches,
les misèrables heureux
embrassés,
perforés par les aiguilles
de la faim et la disgrâce,
par la solitude isolés,
par le désespoir unis,
rompus de liberté,
alimentés d´angoisse
communauté déchirée
de désespérés
qui buvons
le vin arrosé
et mangeons le pain
rompu par nos mains,
arrosant le sol
avec les larmes des
spectres ensevelis,
dans la cabanne humide,
pendant que tombe sur
notre toit
la pluie,la pluie,la pluie,
monotone, persistente,
maudite,
parcequ´elle ne nettoie pas notre fond
vide
notre interieur insustentiel,
nos dépouilles d´abîme,
notre conscience,
préssion constante, sans issue,
seul le cancer amer de
notre pauvreté,
incapacité de l´âme pour
surmonter le desaisir
l´inanité totale de l´esprit
la soulerie des
rêves tendres,
silencieux support
des desherités
et la pluie, la pluie, la pluie
¿où sont les dieux,
qui ne viennent pas nous voir?
¿oú sont les créateurs de
notre misère inerte,
de notre douceur?
les enfants ne pleurent plus,
les mères alaitent l´amour
et il se fait tard
trop tard,
nous n´avons plus la force de pleurer,
nous sommes dans une solitude
absolue
en pensant à ce qui nous attire
mais que nous ne souhaitons pas,
et la fuite est impossible
si ce n´est totale,
l´echappée de tous
unis, alliés, en cette
decision ultime,
cette pluie qui retombe
sur nos têtes,
ce carillon de gouttes qui
se transforme en canon,
nous laissant chaque fois plus
vides,
chaque fois plus absents,
cette pluie de l´incomprehension
qui jamais ne s´arrête,
et nous, spectateurs
innocents,
recevant l´humidité en nos os,
nourrissant notre misère,
goûtte à goûtte
sans que personne nous contemple,
ni nous comprenne, ni ne nous aime.



miércoles, 14 de julio de 2010

Paco Vighi


Tertulia del Café Pombo. (J.Gutiérrez Solana)









Paco Vighi.







Poeta, me dicen los ingenieros, ingeniero, me dicen los poetas (Paco Vighi)
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Para mi, Paco, mi gran amigo, no es ingeniero, ni poeta, ni labrador...es un cantante de balneario. (Valle-Inclán).
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"VIGHI(Autoretrato)

Para que todo se diga
al que agora aludo y comento
construye y vende las vigas(el apellido le obliga)
sin metal y sin cemento.
A mí me parece un cuento
(que así son las cosas suyas:
hace vigas y aleluyas).
Es difícil que le veas,
que le encuentres por chiripa.
Explicaba chimeneas
valiéndose de la pipa.
A Madrid viene; se equipa,
mete cerveza en la tripa,
deja el Lion y la Elipa,
va a Palencia y Arequipa;
cuando don Manuel le guipa
le mete en clase y la da
pero a veces se anticipa
y entonces el muy guripa
se va.





Belalcázar Nº 6.





Yo nací en la madrugada del seis de marzo de mil novecientos treinta y cuatro. Fui el menor de cuatro hermanos, Francisco Javier, María Jesús, José Ignacio y yo mismo, Fernando. Mi madre, Ignacia Solís Núñez de Prado, había casado con Francisco Jiménez Ontiveros, abogado, Doctor en Ciencias Exactas y Doctor Ingeniero de Caminos, Canales, Puertos y Ferrocarriles. Nuestra casa era el nº 6 de la calle Belalcázar, construida dentro del conjunto Parque Residencia (1931-1934).

Este Parque Residencia ocupaba el espacio entre las calles Paseo de la Castellana, Vitruvio y Joaquín Costa, Carbonero y sol, Jorge Manrique y Belalcázar. Los arquitectos (proyecto general y urbanización) fueron Rafael Bergamín Gutiérrez y Luis Blanco-Soler Pérez. Esta actuación supuso el primer intento de importar el racionalismo europeo en la construcción de viviendas, incorporando por esta vía los principios del Movimiento Moderno. Para ello, el constructor Iturbe, junto a promotores y arquitectos hacen una lectura beneficiosa de la Ley de Casas Baratas y levantan un conjunto destinado a alojar profesionales liberales, siguiendo un sistema de urbanización de pequeña ciudad jardín.

El conjunto en sí sigue plenamente posprincipios racionalistas, eliminando en el exterior todo elemento superfluo, para volcarse en un interior confortable, basando la decoración mural en la sencillez de los vanos, en algún gesto expresionista como los esquinazos en forman de proa o los aleros a modo de plano trasversal que da forma a los porches, conformando un conjunto estético de aire neoplasticista.

Al formar parte mi padre de este grupo de profesiones liberales, compró la casa citada en el nº 6 de la calle Belalcázar, que es una pequeña calle paralela al Paseo de la Castellana y es cruzada por tres calles: Carbonero y Sol, Grijalba y Jorge Manrique.

Mi madre, Ignacia, nacida en Málaga, era de ascendencia vasca y soriana. Era bellísima, de cabello rubio y ojos muy azules. Mi padre nació en un pueblecito llamado Sierro, provincia de Almería y tenía los ojos muy negros y acerados y el pelo negro. Nacido en el seno de una familia muy pobre, gracias a su portentosa inteligencia, logró obtener becas de estudio que le permitieron seguir tres carreras con suma brillantez. Gracias a su notable capacidad fué nombrado Jefe Superior de Ferrocarriles.

Cuento estos datos, no con objeto de hablar de mi vida, sino de la circunstancias que permitieron sucedieran dos hechos notables: la entrada en mi vida de mi madrina Gloria de Luna y el conocimiento de la familia Vighi. De hecho, en la Cooperativa de Casas Económicas compraron casa muchos notables intelectuales, como el poeta José Bergamín, matemáticos como Bachiller y diversos artistas y pintores. Las características innovadoras de la propuesta así como la situación privilegiada de la barriada, contribuyeron a que esta colonia no sólo fuera proyectada por arquitectos sino elegida por ellos como lugar de residencia, junto con otros profesionales e intelectuales relevantes del momento. Además de los propios autores del proyecto, allí vivieron, entre otros, Fernando García Mercadal, Fernando Salvador, Esteban de la Mora, Javier Gómez de la Serna (hermano de Ramón) y Fernando Cánovas del Castillo.Las casas se construyeron aisladas o agrupadas en hileras, cada una con tres plantas: en el semisótano servicios; en planta baja vestíbulo, comedor y sala de estar; en segunda planta dormitorios y baños.

Una vez terminada nuestra casa, mis padres y mis tres hermanos se trasladaron a vivir en ella. Fueron momentos felices para todos. Mi padre viajó incluso al extranjero delegado por la República. En este clima de felicidad nací yo el 6 de marzo de 1934, en la habitación de mis padres. Sin embargo, la vida empezó a complicarse a partir de la revolución socialista en Asturias. Comenzaron los movimientos prerrevolucionarios, las izquierdas y los falangistas comenzaron a tirotearse en las calles. Mi padre, funcionario del estado, ingeniero especializado en ferrocarriles, no podía abandonar su trabajo pero, ante el clima de asesinatos indiscriminados entre la población civil, envió a mi madre y a los cuatro hermanos a Sevilla, donde residía su hermano Federico, médico del ejército del Aire. En esos momentos difíciles de preguerra, mis padres conocieron a sus vecinos más inmediatos. Los Bergamín eran viejos amigos y vivían en la esquina de Belalcázar con Jorge Manrique. En la calle Grijalba, en un chalet adosado al nuestro, vivían las hermanas Josefina y Gloria de Luna, hijas de un abogado del estado ya fallecido. Debido a esa cercana amistad, mis padres decidieron ofrecer a Gloria, mujer muy inteligente y políticamente republicana, ser mi madrina. Ella aceptó y eso pudo ser, al cabo de los años, un hecho muy importante para mi vida, ya que Gloria, una vez fallecido mi padre en 1944, se convirtió en mi especial profesora de arte y literatura. Vecinos privilegiados fueron Paco Vighi y su esposa Julia Arroyo, que vivieron en la calle Grijalba, nº 10. Tuvieron un hijo, al que llamábamos Cuco, que como ingeniero industrial llegó a ocupar la cátedra de su padre y a quien llegué a conocer personalmente al cabo de los años, así como a sus hijas, Almudena e Isabel.





A poco de comenzar a estudiar la carrera de Derecho, en la vieja Universidad de San Bernardo, conocí a la que iba a ser mi esposa, Flora María Diego Ayala (Peque) hija de Marcelino, hermano del poeta Gerardo Diego. Nuestra boda se celebró en 1957, siendo nuestro padrino Gerardo Diego, al haber fallecido el año antes Marcelino. Recién casados fuimos a vivir a una casa en alquiler en la calle Vallehermoso, y hasta siete años después no pudimos volver a vivir en la casa de Belalcázar. Como Paco Vighi murió en 1962, no tuvimos ocasión de conocerle personalmente y todo lo que sé de él es a través de sus escritos,su familia y de la amistad de mis hijos con sus nietas, que continuaron viviendo en su casa de Grijalba, 10. La viuda de Paco Vighi, Julia Arroyo, fué una íntima amiga nuestra. Era una mujer extraordinaria, inteligente, culta y muy simpática. Fué a traves de ella que conocí más profundamente la obra de su marido. Me regaló su libro "Nuevos poemas" con una dedicatoria muy cariñosa y un prólogo estupendo de Jesús Castañón Díaz.





El padre de Paco Vighi fué Humberto Vighi Corradi, ingeniero italiano que trabajó en la línea del Norte, dirigiendo la obra maestra de la ingeniería ferroviaria del paso del Puerto de Pajares. Murió en acto de servicio, como Jefe de Vías y Obras, en 1891. Su viuda, la palentina Faustina Fernández y sus cuatro hijos quedaron en Madrid, donde nació nuestro poeta, en el número 14 de la calle Ferraz de Madrid. Estudiante brillante- con una nota media de notables y sobresalientes - se matriculó en la Escuela de Ingeniería Industrial de Madrid, donde figura inscrito de 1910 a 1926, aunque a lo que de verdad se dedica es a una intensa vida de la bohemia madrileña, alternando las tertulias literarias del Henar, del Lion, del Café Levante, del Café Pombo, de El Gato Negro..( consultar Jesús Castañón, "Francisco Vighi y su obra", 1971).
En estas tertulias conoció a Valle Inclán, que le distinguió con el apelativo de "sobrino" y "el noveno poeta español" alternando con su viejo condiscípulo del San Isidoro, Ramón Gómez de la Serna, que le convierte en figura imprescindible en la Tertulia de Pombo, con Claudio de la Torre y con Unamuno. Apenas pisó la Escuela de Ingeniería Industrial, de cuyo himno - letra y música - es autor. En el album conmemorativo de la promoción 1920-1926 se escribe:

Contando chistes del Ateneo
fumando en pipa, sentado al sol,
Vemos a Vighi curso tras curso,
pinta de artista, siempre de humor.




Consideró a la pipa como el símbolo del revuelto mundo de los -ismos- que él veía representados en Ramón. Al volver Ramón Gómez de la Serna a pasar unos días en España (con motivo de la donación del cuadro de Solana sobre "La tertulia de Pombo" al museo del Prado y observar Paco Vighi que bajaba del barco sin el preciado instrumento, no dejaba de gritarle :



-La pipa, Ramón, la pipa.





De vez en cuando viajó Paco Vighi a su tierra palentina, donde intentó ser labrador en una tierra heredada de su madre, y minero en Cervera, donde explotó la mina La Paquita. Al casarse en 1928 con Julia Arroyo, en la capilla de la finca de Macintos, vuelve a Madrid, donde se incorpora como profesor auxiliar a la cátedra de Termodinámica de la Escuela de Ingenieros Industriales de Madrid, el mismo año en que nace su hijo Francisco, hoy catedrático de dicha asignatura en la misma Escuela.



Paco Vighi fué ante todo un hombre de fuerte vitalidad, un exaltador del ocio como supremo valor de todos los valores:

Ni negocio
Ni sacerdocio.
Ocio.




En este libro, regalo de su viuda Julia Arroyo, puede leerse esa poesía divertida e inteligentemente despiadada de Paco Vighi. Por ejemplo, en sus "Poemas de Palencia", puede leerse un poema sobre "Geografía Provincial" tan cáustico como éste:

La provincia de Palencia
al Norte de España está.
Tiene ocho mil kilómetros
poco menos, poco más.
Arriba está Santander,
a trece leguas el mar,
Burgos mirando hacia Francia;
León yendo al Canadá;
y a sus pies Valladolid,
que es donde tiene que estar.




o éste:



Plagas del campo.

Se acabaron, cosa rara,
el mildiú y la filoxera;
la langosta es forastera
y además está muy cara.





En sus divertidos "Bocetos de tertulias", hay una soberbia poesía llamada "omisión-queja-explicación", dirigida al escultor Sebastián Miranda " a quien no incluí en Semblanzas" con el siguiente:





Estrambote.

Si te comí lo mismo que a una gamba,
sirva el presente bombo
para que vuelvas al Lion y a Pombo
Y así olvides mi olvido ¡Qué caramba!


En sus "Poemas Regionales", dedica su poesía "Amanecida en Madrid" con versos como éstos:

Legañosos tranvías,
troles adormecidos. Luz Lechosa
de aguardiente en el agua. Mil manubrios
tuestan café en el ritmo de la polka.

Triunfo de barrenderos, de beatas,
guardias y perros, carros, templo, lonjas.
Todo el suburbio asalta
la ciudad dormilona.

Y finalmente, en sus
"Poemas Familiares " escribe.

La última felicitación.

Aunque ripioso, improviso,
¡Tres meses enfermo en casa!
(Grijalba 10, junto al Viso)
aquí reposo, repaso,
me examino y me confieso.
Nada espero de la U.S.A.
ni creo en la esencia rusa.

Los que pisaron la rosa,
prohibieron la sonrisa
y asustaron a mi musa.
De la catástrofe esa
ninguno ha quedado ileso.

El arte es turbio y espeso.
La comida muy escasa.
La cultura muy Espasa.

Sin sonrisa, musa y rosa.
Hay que apresurar el paso,
inscribirse en El Ocaso
y morirse y a otra cosa.






Siempre recordaré a este ilustre y simpático poeta palentino, ocurrente, inteligente, irrepetible. ejemplar único de la bohemia madrileña. Le dediqué hace unos días este soneto:

A Paco Vighi, poeta inolvidable.


Amigo Paco, ya no puedo verte,
quedan tus obras, pero tú te has ido,
de la bohemia fuiste el distinguido
sochantre del disfrute y de la suerte.

Te viniste a Madrid para ofrecerte
de pacoviguesco entrometido,
bonachón inteligente consentido,
apreciando más la vida que la muerte:

ni negocio ni sacerdocio, ocio,
sólo la pipa, mi mujer, poesía,
todo mi amor y toda mi paciencia,

y si me quedo solo, sin un socio,
una buena tertulia o cofradía,
nada de whisky, vino de Palencia.





En el cuadro emblemático de la entrada, vemos reflejada una de las reuniones de intelectuales tan típicas en las tres primeras décadas del siglo XX. La acción se desarrolla en uno de los cafés típicos madrileños, de igual nombre que el que se indica en el título del cuadro, el Café Pombo. Antes de ser propiedad del Museo de Arte Contemporáneo, el cuadro perteneció a Ramón Gómez de la Serna, a quien vemos retratado en el centro de la composición. Este retrato múltiple, nos da a conocer la imágen de muchos de los intelectuales de la época: Manuel Abril, Tomás Borrás, José Bergamín, José Cabrero, Mauricio Bacarisse, Pedro Emilio Coll, Salvador Bartolozzi, incluyéndose el mismo pintor entre ellos en un maravilloso autorretrato. Destaca la sobriedad de los retratados y los colores oscuros que utiliza, que tan característicos son del artista.


Con esta imagen, J.Gutiérrez Solana nos abre a un momento singular de la vida intelectual española de los años veinte, de la que se ha convertido en pintura emblemática. En el centro, Ramón Gómez de la Serna, a su lado, de izquierda a derecha, Manuel Abril, Tomás Borrás, José Bergamín, José Cabrero, Mauricio Bacarisse, el propio Solana, Pedro Emilio Coll y Salvador Bartolozzi.

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viernes, 9 de julio de 2010

Pierre Albert-Birot y el nunismo.




Arlette de Albert-Birot











Pierre Albert-Birot



Mi amigo Alexandre Pecastaing acaba de llamarme desde París para comunicarme que el pasado día 7 de julio de 2010 fué enterrada la viuda de Pierre Albert-Birot (PAB).



Arlette fue una gran amiga suya y ha muerto a los ochenta años, muy activa hasta el final de su vida, difundiendo sin descanso la memoria de su esposo, fallecido en 1967. Pierre Albert-Birot fue contemporaneo de Apollinaire y se caso muy tarde con Arlette, que en su dignidad de viuda fue la presidenta del "Marché de la poésie" en la Place St Sulpice, en el mes de junio de todos los años.



Pierre Albert-Birot (PAB), no se adscribió a ninguno de los movimientos modernos. De hecho inventó la palabra nunismo (del griego nun, «ahora», «actualmente») con el propósito de englobar todos los -ismos de la modernidad. Este nombre pretendía oponer la inmediatez del hoy al mañana del futurismo. La utopía del nunismo, después rebautizado por Apollinaire como «espíritu nuevo»- concluyó en 1918, puesto que el armisticio en el frente bélico supuso el inicio de las hostilidades en las filas vanguardistas y, en el caso de Albert-Birot, el alejamiento de la agitación de los cenáculos.









Pierre Albert-Birot (1876-1967) fue un artista polifacético que se relacionó con las diversas corrientes de las vanguardias francesas y europeas. Nació en Angulema, Francia y tuvo que desplazarse con su madre a París muy joven por motivos económicos. No tenía dinero ni para pagar sus estudios y las estrecheces económicas impidieron que Pierre Albert-Birot pudiera continuar sus estudios en el liceo; sin embargo, logró estudiar pintura y escultura en la Escuela de Bellas Artes, cuya matrícula era gratuita.









En enero de 1916 conoció al pintor italiano Gino Severini, quien influyó decisivamente en su concepción artística y en su proyecto de una revista mensual. El primer número de esa publicación, bautizada SIC, apareció en enero de 1916 y la portada mostraba un anagrama compuesto por esas tres letras enmarcadas por efes y con un subtítulo que aclaraba: Sonidos, Ideas, Colores, Formas . Más tarde diría cervantinamente: «Nací en enero de 1916, al mismo tiempo que la revista SIC, mi hija, y una hija nada corriente puesto que halló el modo de darme a luz».









Su poema "La Légende" (Poème narratif entrecoupé de poèmes à crier et à danser) fue traducido por Jorge Luis Borges.









Pierre Albert-Birot tuvo sin duda un papel importante en la retaguardia parisina, cuando las vanguardias empezaban a construir los espacios de la literatura y del arte modernos. Su biografía nos informa de que se trató de un personaje simpático y original, aunque no tocado por la benevolencia de las musas.









Conocí la obra de este singular poeta guiado por la idea de estudiar a un personaje ultramoderno en la vida cultural francesa de primeros del siglo pasado e incluso traduje algún poema de su libro "Poémes quotidiens" (1917-1918) sobre un estudio de Enrique Quintana, profesor de lengua y literatura española en Estocolmo.

































Oui le monde est bien réussi















Mais comme il serait encore plus beau















si notre corps avait la forme

















D´un bronze















Et la couleur d´une potiche















Ming















Et puis aussi















Pourquoi le homard









Est-il beau quand il est cuit





































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El mundo fué bien creado, sí,









pero sería aún más bello









si nuestro cuerpo estuviera esculpido en bronce









y tuviera el color de un jarrón de porcelana









de Ming.









Además, ¿por qué un bogavante









puede tener mejor aspecto cocido?.





















Disfruté mucho leyendo el bello poema "Le vent" que transcribo a continuación:































Le vent













Tire les arbres par les cheveux









Tant il les veut









Mais les arbres sont patriotes









Et le vent s’en va tout seul









Comme un poète















Pierre Albert-Birot se fue como el viento y como un poeta en 1967. Estos días le recordamos al conocer el fallecimiento de su última mujer Arlette, persona maravillosa que dedicó su vida a la memoria de su esposo.







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lunes, 5 de julio de 2010

Mirando al mar.





La bahía de Santander.



Estoy pisando el puntal de Somo,
arena y agua, agua y arena,
hundiendo mis pies en su bellísimo espolón,
saludado por gaviotas argénteas
que se dirigen veloces
hacia la línea azul y verde
que dibuja el contorno de la bahía. Allí….
rompe el indiano el horizonte,
deshaciendo la altura desde Peña Cabarga
para frustración de poetas y jándalos. Allí….
el verde de Pedreña consuela mi espíritu
hasta la Horadada donde el aire silba
y, en su furia intermitente,
hunde a veces barcos y esperanzas
desde su isla hasta los astilleros. Allí…
en el puntal estoy descalzo
y me arrodillo en la arena
blanca y beis, beis y blanca,
inmerso en el recuerdo
y anonadado ante la belleza del presente,
como homenaje a la ciudad de mis sueños,
que se ve en la distancia rodeada
de barcos, palmeras y tamarindos. Allí…
te recuerdo entrando en el agua,
valiente, salpicada de gotas de mar,
mirándome de soslayo,
enardeciéndome con tu sonrisa clara
y tu cuerpo húmedo y armonioso..
No hay tiempo para recorrer La Magdalena,
subir al faro o seguir
el sendero de piedra de la costa
para observar las rompientes desde su altura.
El día es azul y manda el sol en el Sardinero,
playas de cuidada hechura, donde dejamos olvidados
nuestros mejores años. Allí…
desde el médano, hundidos mis pies en el agua,
repaso nuestros instantes,
nuestros encuentros, nuestro amor permanente,
los paseos oliendo a yerba recién segada,
las rabas con vino blanco en Marucho,
las misas en los capuchinos,
los chipirones encebollados en el barrio pesquero,
los cafés con los amigos,
los conciertos de Narciso Yepes
en el claustro de la catedral,
nuestros paseos hasta la ciudad,
nuestra meditación
sentados en un banco con Gerardo Diego,

frente a su “ clásica y romántica bahía ”
nos sentimos unidos una vez más,
llorando con Carreras en la Plaza Porticada,
alucinados ante la maestría de los jóvenes pianistas
en el concurso de Paloma O’shea,
enamorados siempre de la brisa húmeda del mar,
brisa salvadora, brisa nunca olvidada. Allí…
tuvieron nuestros hijos su primera adolescencia,
salvados por la música, por los tamarindos,
absortos ante la biblioteca de Menéndez Pidal,
que a su misma edad había comenzado a construir
un rascacielos de la inteligencia. Allí…
no sé si mirarte con mis ojos de ahora
o con los de antaño,
te veo tan bella, tan inmutable, tan azul,
que debo ser yo el cambiado, el distinto,
porque tú permaneces,
siempre fiel a tu espacio, a tu agua, a tu arena…





domingo, 4 de julio de 2010

Emilia.

Gerardo Diego Cendoya.




EMILIA - "Mi Santander, mi cuna, mi palabra " (Gerardo Diego).

Os ruego, queridos amigos, al comenzar esta lectura, que recordéis conmigo los primeros versos de Gerardo respecto a su libro "Mi Santander, mi cuna, mi palabra":

"No me pidáis de él cuentas, yo no sé lo que ha escrito mi mano"

porque la lectura de su poema "Emilia" incluído en dicho libro, dentro del capítulo "Mis hermanos", me emociona y no me permite realizar un análisis objetivo del mismo. El poema me transporta a un pequeño mundo que yo he tenido la suerte de vivir, allá por los años cincuenta: el mundo familiar de Gerardo. Un mundo que constituye un elemento fundamental para entender la obra del poeta.

Conocí entonces a la que más tarde sería mi esposa y compañera Flora, hija de Marcelino, el hermano mayor de Gerardo a quien recuerda en uno de sus poemas como "maestro mío en luz perseverado". Esta relación familiar me permitió entrar en un mundo absolutamente cautivador. Un mundo de esa gente buena, sencilla, de hondas creencias religiosas, a las que el desarrollo moderno y un gran esfuerzo personal permitió acceder a los estudios universitarios y técnicos más elevados.

Tuve la suerte, pues, de conocer a Marcelino, ingeniero industrial y delicadísimo intérprete al piano de las obras clásicas.

¿Astronomía, música, los ritmos?

¿Estelas de balandro en la bahía?

¿Números de la magia, logaritmos?

¿O la sensible al tacto geometría?


Visité en su convento de Santander a su hermana Flora, a quien mi esposa debe su nombre:


"Te veo, Flora, madre de las niñas,

feliz junto al Sagrario".


Sentí una gran admiración por otra hemana, Felisa, mujer de una gran capacidad para el dolor:

"La enfermedad, la invalidez, la muerte

a los tuyos rondaron crudelísimas"


Y compartí muy buenos ratos con otra hermana, Angela a quien tuve la suerte de visitar durante largos años:



"Raudo alboroto azul, siempre al acecho
del cuarto de mis padres y mi cuna"

No tuve ocasión de conocer a los demás hermanos, sólo a través de los poemas de Gerardo a Emilia, Sandalio. Leonardo, Manolo y José. En todos esos poemas se descubre la sensibilidad y el dominio del idioma castellano de Gerardo Diego, pero es precisamente en el magnífico poema a Emilia donde se manifiestan con mayor claridad la ternura y el amor fraternal del poeta:


"fuimos tú y yo de padre y madre hermanos
- nuestra mudez, madre profunda -"


estableciéndose un diálogo intenso y vital entre los dos:


"tú chapuzabas en mis ojos nuevos
tus ojos llenos de preguntas
y hablaban con las mías tus pupilas"


Releyendo el poema a Emilia, recuerdo a Gerardo, leve, callado, siempre asombrado, sencillo. Le recuerdo paseando durante horas en silencio por el jardín de su casa de Sentaraille y sentarse después a perfilar los poemas creados. Este mundo interior de Gerardo sólo es explicable conociendo su entorno familiar y su honda sensibilidad. El conocimiento del amor a su familia, a los suyos, a su tierra, así como su vida interior cristiana son necesarios para profundizar en su obra poética. El poema a Emilia, su hermana muda,recoge, entre otros, este pensamiento maravilloso:

"que Dios te selló boca y oídos
para embriagarte de su música"


Entre los brazos de su hermana comienza a crearse el mundo interior del poeta. Y es en este mundo interior donde se establece una comunicación silenciosa con la hermana muda, que no termina con la muerte de ella, pues:

"sabías ya que yo iba a ser poeta?
¿No eres tú, Emilia, quien me apunta?

Gerardo, poeta, en tus versos, como achacabas al tío Máximo, nos entregaste todo el campo de tu Cantabria, los abuelos lejanos, los praderíos, las vacas, las nieblas y el cielo, y en silencio, como los buenos, leve, callado, asombrado, sencillo, subiste al cielo para encontrarte con Emilia, escribiendo,escribiendo,escribiendo...




Esta meditación fué publicada en el nº 53 de la revista Barcarola el mes de junio de 1997.

martes, 15 de junio de 2010

Claude Monet y el jardín de las ninfeas.

El jardín de las ninfeas.


Siempre he sido un admirador de la pintura impresionista francesa. Durante el tiempo que viví en París leí, visité y medité sobre la experiencia impresionista y la vida de sus seguidores. Dialogué con mis amigos franceses sobre el tema y recorrí todos los lugares que pude para captar en lo posible el espíritu de esos gigantes de la pintura. Dediqué los fines de semana a este trabajo y lo recuerdo siempre con nostalgia. Claude Monet es uno de mis favoritos. Leí su vida y tomé la decisión de visitar su famoso Jardín de ninfeas, al que dedicaron diversos poetas alguno de sus trabajos, como Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. El otro día decidí escribir sobre esa visita que realicé durante un sábado, quedándome incluso sin comer, dado mi interés por vivir una experiencia tan maravillosa. Una vez publicada la poesía " El jardín de Giverny " en mi blog y a través de los comentarios recibidos he pensado que quizás debiera explicar el método de elaboración del poema, por entender que quizás su comprensión deba ser ampliada con el conocimiento. En primer lugar debo decir que no quise repasar la obra de los poetas españoles para evitar ninguna influencia sobre la poesía que pretendía escribir. A continuación revisé la vida de Claude Monet en grandes rasgos, decidiendo desarrollar la poesía en los siguientes bloques:


1) Recordar la impresión que me causó visitar el estudio y recorrer el jardín. Me declaro asombrado ante su belleza al atardecer, después de haberlo paseado despacio .


2) El segundo bloque lo escribo pensando en la tristeza de Claude al pensar que la muerte de su primera mujer Camille, que tanto le ayudó en los peores tiempos, ha impedido que compartiesen juntos el sueño de su vida.


3) El tercer bloque lo escribo pensando en su segunda mujer, Alice, y quiero representar la idea de que ahora Claude Monet es feliz con ella y sus malos momentos están enterrados.


4) En el cuarto bloque intento figurarme al pintor dedicado totalmente a su obra en unos momentos en que su vida es más tranquila con Alice y se entrega a su trabajo en su nueva vida con sus hijos, aunque empieza a deteriorarse su vista, llegando incluso a perder uno de sus ojos.

5)

Alice muere y de nuevo se encuentra Claude Monet solo en su maravilloso jardín, atendido esta vez por Blanche, la hija de Alice, que le acompañará durante muchos años, y se dedicará fundamentalmente a cuidar su jardín y revisar sus muchos cuadros dentro de su enorme estudio, tal vez no demasiado luminoso.


Mi poesía, por tanto, se ha centrado en la vida de Claude Monet y no en la descripción poética de su jardín ni de sus obras. Pienso seguir escribiendo sobre mi amigo Claude vistiendo un poco su trayectoria con ideas poéticas nuevas.


La poesía a que hago referencia es la siguiente:

El jardín de Giverny.

Desde la penumbra de mi estudio de verano
medito contemplando el jardín de mis ninfeas,
derramados los colores sobre el agua plácida
de sus regatos, magia de la naturaleza,
en la soledad de la flébil atardecida.

Dime, Camila, ¿ por qué me dejaste tan temprano
sin llegar a conocer mi jardín de ninfeas,
donde los colores se recuestan sobre el agua,
deslizándose, apoyándose sobre sus hojas,
navegando en un mar de ensueños y de caricias,
bajo un denso silencio de viejas soledades?

Dime, Alicia; ¿ no crees que bajo las hojas
existen espacios abismales incoloros,
donde se esconden trasgos y duendes submarinos,
y permanecen los recuerdos tristes y lejanos?

Desde el estudio de techos altos y sombríos
recreo el espacio del trabajo silencioso,
el análisis de la telas y los colores,
y veo como en sueños al jardín anhelado,
a través de la rojez de mis ojos cansados.

¿Verdad, Blanca, que mis lienzos son hoy más hermosos,
que la luz ha renacido sobre mis jardines,
que los días son más largos y las noches cortas
para poder admirar los colores pintados,
los verdes y amarillos en los pétalos blancos,
los azules cárdenos en mis flores amadas,
y escuchar el paso del agua por los regatos
hasta su remanso lento y final en el estanque ?



A los que me leéis os agradecería vuestro comentario sobre este apunte.





sábado, 8 de mayo de 2010

LA RISA.

La risa es la distancia más corta entre dos personas.



George Bernard Shaw (26 de julio de 1856 - 2 de noviembre de 1950) fue un escritor irlandés, ganador del Premio Nobel de literatura en 1925 y del Oscar en 1938.